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Hola. Me llamo Fabián y soy fetichista

Acerca del objeto artístico y el cotidiano

El fenómeno artístico es una cuestión poliédrica: hay Historia del Arte, hay Mercado del Arte, hay Ciencia aplicada al Arte y Sociología del Arte incluso Psicología del Arte…. y quizás lo que a veces queda más denostado y menos apreciado es el Arte.

Ortega, y Gasset también, decían que la imagen artística muestra al objeto ejecutándose, inacabado, frente a la no artística que lo muestra cuanto objeto, sin exhibir su intimidad, de cierto modo, entonces,  ya finalizado. Esa dimensión artística aparece en la reflexión del observador, y es eso, una reflexión; pero ¿de qué materia están hechos los pensamientos? Los descritos campos relacionados con el fenómeno artístico, son explicativos y responden a cuestiones cuantitativas, sistemáticas y tecnológicas, son expresión del moderno cientificismo.

La imagen artística, entiendo, funciona de modo independiente en nuestra conciencia, como proceso innato. Es la capacidad de desarrollar significados simbólicos en estos objetos; es decir, sustancialmente, la lectura artística es innata a la mente humana, y ello puede rastrearse en el origen del fenómeno artístico: la percepción del hombre primitivo.

El pensamiento primitivo vive en la metafísica, no requiere pues del arte ni identifica este fenómeno artístico. Pero el hombre moderno recodifica lo metafísico, necesitando ahora más “re-presentar” para entonces sentir; ambos manifiestan, en cualquier caso, la necesidad de lo simbólico. La progresiva pérdida del sentido metafísico de la existencia y de la experiencia, en manos de una comprensión lógica de la realidad, es lo que ha diferenciado la vida del hecho artístico, y consecuentemente ha mermado la experiencia. La pérdida del sentido trascendente de la existencia nos ha hecho desviar esta dimensión metafísica a objetos concretos, objetos artísticos, entonces distintos de lo cotidiano.

El objeto artístico participa conceptualmente de aquella metafísica perdida, mostrándose entonces como baluarte espiritual, ajeno aún al esquema lógico-cuantitativo que lo hizo diferenciarse, pero que ahora lo pone en peligro… otra vez. Imagino que esta mecánica mental de lo simbólico sea lo más innatamente humano y aunque esa mente primitiva, racional aunque no lógica, ejerza sus procesos de explicación de la realidad, estos no fueron entonces ni debieran serlo ahora, desde una perspectiva científica, desacordes con esta dimensión innata de la mirada artística.

¿Te lo perdiste?
Cuadernos escolares.
Cuaderno manuscrito de “Geometría para uso de Juan”. Jerez de la Frontera. Década de los 20 del siglo XX.
Boletín escolar “Lectura de Manuscritos” de Calleja, Madrid, 1888. JEREZSINFRONTERAS.ES

El cientificismo ha logrado explicar y explicitar los diferentes procesos que intervienen en la mente humana para justificar el fenómeno artístico, entre otras cuestiones. En su enriquecedora aportación ha hiperespecializado cada campo de estudio, lo ha amplificado tanto que quizás queda devaluado el meramente artístico; no sé, quizás desnudo, desolado, sin ningún misterio ni aura que lo proteja del razonamiento lógico… ¿Puede existir religión sin liturgia del misterio? ¿Puede existir arte sin la dimensión artística?

Volviendo a Ortega y Gasset, traigo a Julián Marías respecto de mi fetichismo: “solo hay filosofía si el hombre puede ir de lo patente a lo latente”. Claro es, lo patente nos lleva a las cosas de la naturaleza, digo yo a los objetos mismos, pero lo latente nos lleva a la naturaleza de las cosas, que entiendo yo es la manera más netamente humana de percibir… En esto, el arte contemporáneo nos ha hecho un favor al sustanciar la dimensión meta-física de los objetos, sublimando lo cotidiano y sobredimensionándolo: “La realidad quedó abandonada, literalmente en la calle, bajo los nombres de cosas”, dice Julián Marías. Preguntas, siempre son preguntas y respuestas, pero cegados por el porqué y el cómo de la ciencia, olvidamos el ¿y para qué?

Aquí entra a mi entender otra cuestión respecto de los objetos: la extensión mágica de la personalidad. Éste es un comportamiento que observó en sociedades primitivas, y describió en su libro “El Alma Primitiva”, el antropólogo Lévy-Bruhl. En él se revela de qué modo para las sociedades primitivas un objeto emana parte del individuo que lo posee, de manera que observa el antropólogo como en las sociedades occidentales nuestra individualidad habría “sufrido una reducción, una suerte de encogimiento. Las pertenencias son para el primitivo parte integrante del individuo” y creo reconocer algo de esta emoción en la observación de un objeto, reactivador o no, de nuestra memoria.

Caja de Ahorros de Juan y Lola.
Caja de «Labores de tabaco El Paralelo». Puerto de la Luz,
de Las Palmas de Gran Canarias.
Años 50, siglo XX.
Pequeño maletín de pintor.
Principios del siglo XX. JEREZSINFRONTERAS.ES

Es extraordinaria la extraña sensación de que un objeto nos supere en el tiempo, de este modo puede conformarse además como una vanitas barroca, bien entendido como una reflexión moralizante acerca del paso del Tiempo y de nuestra fugaz presencia ante él. En esta adoración al objeto, identifico, pues, ciertos mecanismos mentales que observa el alma primitiva en lo cotidiano, porque es ésta una dimensión humana, una dimensión netamente humana. Además, estos objetos son bellos en su natural envejecimiento y observo en ellos una sobredimensión que los amplifica más allá de su materia, pero que a su vez está íntimamente sustanciada en ella. Así que, como en las sociedades primitivas, me acerco a esta adoración a los objetos como un misterio de la presencia, porque en definitiva esos objetos me proyectan a otros sujetos.