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La inscripción árabe de la puerta del Real en Jerez

Artículo de Miguel Ángel Borrego Soto. Arabista. Máster en Patrimonio histórico-arqueológico.

Jerez cuenta sólo con una inscripción oficial de época almohade. Se trata de una lápida de principios del siglo XIII que se encontraba en la puerta del Real de la muralla.

La inscripción en piedra arenisca estuvo situada hasta 1821 —fecha de demolición— en la parte superior del arco de ingreso a la medina de Jerez por la puerta del Real, una de las cuatro puertas con las que contó la ciudad en época islámica.

Consta de tres líneas de escritura realizadas en cúfico geométrico, con sus caracteres y adornos lisos y labrados en resalto sobre el fondo. El texto es religioso, muy en la línea de las inscripciones oficiales almohades.

Su texto se compone de basmala, taṣlīya y última parte de Q. XII, 64. Está realizada en cúfico sobre fondo liso, pero con un gran desarrollo geométrico en los trazos altos —a base de cintas y complicados entrelazos—, lo que supone el inicio de lo que será después el cúfico nazarí y meriní. Su lectura y traducción completa sería:

Bismī-l-lāh al-raḥmān al-raḥīm,
ṣallà li-l-lāh ʽalà Muḥammad, Allāh
jayr ḥāfiẓan wa-huwa arḥam al-rāḥimīn

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso,
(sea) la bendición de Dios sobre Mahoma. Dios es
el mejor guardián. Él es el más misericordioso de los misericordiosos.

Los epígrafes oficiales almohades, a excepción de los fundacionales, no consignan ni el nombre del califa que ordena la construcción, ni el objeto de la edificación, ni la fecha de la misma, sino que contienen únicamente aleyas coránicas, eulogias y fórmulas de alabanza a Dios que se repiten una y otra vez.

Reconstrucción virtual de la puerta del Real (según González, R. y Aguilar, L. 2011). Sobre el frente exterior del arco principal existieron tres inscripciones árabes, de las que en la actualidad solo se conserva la que aquí se analiza.

Este tipo de inscripciones, e incluso algunos epígrafes funerarios, empiezan siempre con una serie de fórmulas introductorias, seguidas de una o varias citas coránicas y algún tipo de frase piadosa. Las primeras se reducen a tres: taʽawwuḏ (que no aparece en la lápida de Jerez), basmala y taṣlīya. El uso sistemático de esta última refleja el enorme relieve que otorgaron los almohades a la misión profética. Como en el caso de la inscripción de Jerez, las referencias coránicas constituyen los elementos centrales y más significativos del formulario; en primer lugar, por la función simbólica que se les asigna, y en segundo lugar, por remitir a los principios fundamentales del movimiento almohade.

En cuanto a su morfología, la lápida de Jerez de la Frontera es un documento de primer orden, aunque la mano inexperta de su artesano errara al transformar la traza de la figura 3i (ŷīm, ḥāʼ, jāʼ) en la 9i (ʽayn, gayn), cuando intentaba plasmar las novedades que se iban introduciendo por entonces en el diseño de los signos cúficos, sin estar todavía plenamente familiarizado con las mismas.

Del mismo modo, la letra y adornos de esta inscripción tienen una enorme importancia, ya que anuncian el desarrollo geométrico a base de cintas que tendrán las astas de los diversos caracteres en época nazarí y meriní.

Resulta también significativo que, aunque la letra del epígrafe sea cúfica, la vocal fatḥa aparezca en la primera sílaba de los vocablos ṣalà y ‘alà, y el tašdīden el nombre del Profeta. La proporción achatadas de las astas con respecto a los cuerpos de letras la remedia el artista con las prolongaciones de las mismas en sentido horizontal. La decoración de la lápida se reduce a una cinta que forma un nudo acorazonado de tres vanos dispuesta en los huecos resultantes.